lunes, 20 de julio de 2015

Ese fin del mundo

¿Quién dice que se olvida? No hay olvido.
Mira a través de esa pared de hielo
ir esa sombra hacia la lejanía
sin el nimbo radiante del deseo.

Que iba a pasarme en unos meses había dicho, que la atracción, infatuación o lo que fuera que fuese aquello; iba a pasar en menos de lo que esperaba o sintiera o imaginara. Pero no, no pasaba. No pasa. No termina. Y aparecés en mis pensamientos cuando un gato me despierta con sus maullidos a las tres de la mañana o cuando el café apenas está listo una tarde que llueve como si se fuera a caer el cielo. Así es. Ni modo. Y no creás, me gusta pensarte, hacer vivir de esa manera a la persona que fuiste. A la persona que quise. A la persona esa que quedó perdida entre unas cuantas sábanas rojas. Sí. Ese que fuiste, que le dio vida a mi vida, que me regaló sonrisas de la nada y felicidad pasajera. Ese que fuiste, con una piel para inventar caminos, para inventar historias que nunca quisieras que se terminaran. Que iba a terminar, dijimos. Pero te vas y volvés y aparecés metido en cada pensamiento inesperado en la tarde cuando soy quien debo ser y la vida se me va entre la cocina y el escritorio. Que iba a terminar, pero tu piel no termina, tu sonrisa no termina, tu boca no termina, tus palabras lejanas y extrañas, las ganas de tus manos, y tu lengua y tu pelo revuelto entre sudor cercano. No termina. No. Y aparecés con las ganas de que el mundo fuera otra vez ese oasis y enroscarme en el silencio o bailar como loca envuelta en una sábana o estar presentes en ese fin del mundo. Ese, en el que no se necesitaba ningún milagro o arrepentimiento.

Ese fin del mundo.


viernes, 17 de abril de 2015

Problemas


Tengo problemas para dormir.
Problemas para ser,
problemas para entender
esta piel que es y no,
que quiere ser y no es.
Problemas para conjugar
los verbos que no son míos...
El tiempo.
Tengo problemas,


Y no.

viernes, 17 de octubre de 2014

Me tomaste una foto y yo te sonreí para siempre

Esa sonrisa, si se vale decirlo, es lo más parecido a la felicidad que puedo recordar. Esa sonrisa a veces la rescato entre escombros de toda una vida y me miro, tratando de mirarte a vos al otro lado de la cámara, mirándome como lo hiciste. Mirándome mirarte. Así como casi siempre.

miércoles, 9 de julio de 2014

El aniversario de una cicatriz

Te debo mis veinte libras de menos
las ojeras azules debajo de mis párpados
los vacíos en las noches y las mañanas
los paréntesis sin remedio
los puntos suspensivos...

Te debo estas preguntas sin respuesta
y esta historia sin pasado
este pasado sin historia que no se debe nombrar
este nuevo nombre en mi frente
y todas las canciones que no quiero escuchar.

Te debo todos los límites y las corduras
todos los silencios que se quiebran
que van callendo, callando,
entre tanto espacio sin asideros
entre tanto café y cielos y alcohol
y cigarros y humo y dolores

y colores descoloridos

Te debo un tiempo.
Tanto tiempo en rojo.
Tanta orilla adivinada.
Tantos ojos cerrados.
Tantas promesas oscuras.
Tanto tiempo pasado.

Te debo una cicatriz

imborrable.





jueves, 8 de mayo de 2014

Tirar el último recuerdo por la ventana del carro.

Es que me canso, a veces,
de esa mala costumbre
de ponerle valor a los objetos.
Valor sentimental.
De haber cargado
en el fondo de la cartera
y por más de cuatro meses
el último recuerdo tangible
del antes llamado oasis,
que ahora no es más
que un espejismo.

El recuerdo tenía fecha y sonrisita
al estilo más clásico
de adolescente cliché.
El recuerdo personificaba
tantas noches y sus sábanas rojas
y me saludaba impasible
desde el fondo oscuro de las cosas.

El último recuerdo tangible
del antes llamado oasis,
que ahora no es más
que un espejismo.

Perdiste tu valor como recuerdo,
le dije, mirándolo a los ojos,
él no dijo nada y sonrió
como siempre supo hacerlo.
Pudiste haber sido el recuerdo
más suntuoso de mi vida, seguí,
pero preferiste ser un recuerdo
como cualquier otro,
de esos para los que
no necesitas borrador
ni cajones donde meterlos
ni siquiera una manta con qué
taparlos...

Sin piedad ni miramientos
lo tiré por la ventana abierta
del carro en marcha,
allí quedó
en un arriate anodino
de la calle de mi vida cotidiana.


Allí quedó
el último recuerdo tangible
del antes llamado oasis,
que, pensándolo bien,
ya no es ni siquiera
un espejismo.








viernes, 18 de abril de 2014

El café se enfrió mientras pensaba qué hacer con mi vida.


Y allí queda un espacio largo, bien largo, entre el momento en que sale el sol y el ritual de irse vaciando. Es que parece como si todas las cosas, toda la ciudad, el país entero, todas las canciones estuvieran llenos de recuerdos que me persiguen por todas partes. No iba a ser fácil ni corto el proceso. Tendría que haberlo adivinado, porque mientras veo fotos de quiénsabequién en Facebook para anular el tiempo, pasa por allí una foto del centro comercial en el que caminaba un medio día de finales de julio con mi vestido de verano, un café en la mano y una de las gomas más memorables de la historia. Caminaba entre carros, buscando su carro en el parqueo, el sol era fuerte y probablemente yo sonreía. Siempre sonreía, supongo. No era consciente de que todo se iba a desgastar y que le quedaba tan poco a la felicidad de esos momentos en que yo lo transformaba en mi oasis. Sí, un oasis. Esas cursilerías que inventé para nombrar las cosas, los sentimientos, las emociones; todo eso que era inexplicable y que de alguna manera se tenía que explicar. Por supuesto: con un nombre. Mi oasis.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Solo el rojo

Quisiera encontrarme con tu otro yo –el que tenía más pelo- en la dedicatoria de otro libro. Quisiera ir tirando libros por toda la ciudad, por todo el mundo, con dedicatorias que nunca se acaben para que siempre me encontrés. Siempre me encontrés en un nuevo libro, en una nueva página, para que esto no acabé nunca, al menos en las dedicatorias de los libros. Nadie dijo que iba a ser fácil, dijimos. Dije. La verdad. Y era verdad. Los recuerdos se acumulan como pequeñas gotas que se van deslizando suave una tras otra. Como esas lámpara java. Esta es de color rojo, el aceite es amarillo, cuando apenas parecen mezclarse forman un leve color naranja que no es cierto. No es una certeza ni nada. Ese color no existe. Solo el rojo. Solo el rojo. Solo el rojo. Quisiera desearte que tengás suertecita e irme caminando hacia el atardecer como si nada, con una guitarra en la espalda, tirando los recuerdos, dejándolos regados como piedritas de colores para que algún día, si querés, podás encontrar el camino de regreso. 

martes, 31 de diciembre de 2013

¿Qué voy a hacer con todo el tiempo que era tuyo?


¿Con la implacable pausa precaria en que no estás?
¿Con el largo paréntesis en que te vas a convertir?
¿Con qué otras historias llenar el espacio en que estás metido?

¿Qué hago con todas estas palabras?
¿Tendré que guardarlas para tejer con ellas colchones de nubes a donde emigrar?
¿En dónde guardar tantos buenos días y buenas noches?

¿Qué hago con todas estas horas y minutos y segundos vacíos?

vacíos sin ti


jueves, 7 de noviembre de 2013

jueves, 3 de octubre de 2013

Y cada esquina de tu cuerpo toma forma en la canción que después de tantos meses sigue sonando en mi memoria.

lunes, 23 de septiembre de 2013


Porque la mañana viene y está llena de todas las palabras que han ido cayendo en el silencio de luces a medias y sábanas rojas. Porque la oscuridad es y tus manos también, y todas las salibas derramadas, las miradas que se cruzan y no quieren, las manos que se recorren, las pieles que se descubren cada vez y más, más cerca una de la otra. Porque la neblina se levanta y no hay canción en la que no estés, palabra en la que no estés, sonrisa en la que no estés, porque te reís y me dan ganas de ser cascada, porque te metés en cada rincón imaginado, porque detrás de las puertas somos otros, de otras historias, cuerpos y deseos, porque detrás de las puertas soy yo, yo misma, con las ganas de reírme porque no existe más que esto, más que tus manos y tu cuerpo y tu lengua y tu boca con ganas de convertirme en agua que escapa a donde quiera... Porque te miré y me miraste, porque el sol salió y nos quedamos sin palabras, porque el mar sonó lejos y cerca, porque descubrimos el sabor de nuestros labios...

Por eso estoy aquí y la mañana no amanece.

Por eso estás en cada letra y palabra.

viernes, 24 de mayo de 2013


te metés entre mis sueños y las ideas que pienso. entre el día la noche y mis fantasias. entre el trabajo, el libro que leo y todas sus letras y palabras. te metés en la luna llena y  su color adivinado, entre el silencio de la noche y su color estrellado, entre el nocturno de Chopin y la punta de mis dedos. te metés en esto que escribo sin pedirlo ni pensarlo y en la mirada a la pared en blanco y al vacío. en el café que me tomo a horas y deshoras, en la cerveza y su espuma que sube, te metés entre las sábanas y todas las historias que quiero escribir en tu espalda, te metés en mis suspiros, en el color rojo de mis labios, en cada movimiento de una consonante en mi lengua, te metes en cada poro de mi piel, en mis ojos y mis manos y mi pelo y mis brazos y entre mis piernas. te metes en mis recuerdos, los recuerdos más felices. 

viernes, 3 de mayo de 2013

El día que amaneció.

Noche.
Cielo.
Luciérnagas transtornadas.
Luces.
Silencio.
Miradas que se clavan.
Sonrisas.
Pestañas.
Palabras que no acaban.
Digo.
Decís.
Carcajadas en cascada.
Cuerpos.
Pieles.
Fantasías desatadas.
Bocas.
Lenguas.
Salivas derramadas.
Humedad.
Misterio.

Luz.
Mar.
Océano.

Una historia nunca terminada.


martes, 2 de abril de 2013

De una manera u otra.

Vos y yo tomando un café en algún lugar de esos que por tu ciudad deben abundar. Imaginátelo. Vos pedirías un Mocca. Yo, un Americano. Vos harías broma de eso. Estoy segura. Yo no pararía de verte a los ojos tratando de adivinar al tipo que conocí sin querer por una foto que se parecía a la mía. No voy a saber qué decir y de seguro vos tampoco. Todos los temas infinitos que compartimos van a parecer dormidos, escondidos o perdidos.

Yo voy a hacer una broma de eso, pero en el fondo voy a querer salir corriendo, porque a esas alturas me voy a dar cuenta de que la química es más fuerte en persona y voy a recordar todas las frases que hasta entonces nos hemos dicho y no sé si podría ser menos cálida o vos podrías contenerte.

Obviamente después de un viaje como ese, salir corriendo sería lo menos apropiado y voy a tener que sonreír y pestañearte un poco y vos vas a reírte con esa risa que ya conocemos, como cascada.

No sé a dónde va ir a parar esto, seguro no tan lejos como cinco mil kilómetros o más. Lo cierto es que paso de una dependencia a otra, esperando tus palabras como un hechizo.

sábado, 30 de marzo de 2013

Ese no es el hombre de tu vida

Deberías saber que el hombre de tu vida no existe. Ese, al que vas a ver con ojos de gata y con ganas de que se meta en tu cama, no es el hombre de tu vida. Tal vez te termines casando con él y vivas muchos años pensando que sí, que sí es, y se van a dar regalos para los aniversarios, Navidad y todos los cumpleaños y van a caminar agarrados de la mano, la gente los va a ver pasar y dirán -allí van el hombre y la mujer de sus vidas- pero en el fondo los dos sabrán que no, que tal vez hay otro y sin querer un día te encontres al otro en una esquina, tal vez ni se miren, ni se volteen a ver, pero en ese infinito instante te lo vas a cruzar, ni lo vas a saber y vas a seguir tu vida como si nada. Creyendo que el que va a la par tuya es.

El hombre de tu vida.

domingo, 21 de octubre de 2012

Querido Dr. Jekkil:

Si no hubiéramos confundido las cosas y revuelto esto con lo otro, usté hubiera podido ser lo más parecido a un mejor amigo.

Odio admitirlo. Usté me hace falta.

Mrs. Hyde

viernes, 19 de octubre de 2012

Confesión de miércoles

(En algún miércoles de agosto 2012) 

Debo admitir que me costó un montón confiar en vos. Ya lo sabés, lo dije alguna vez. Una de esa veces de palabras que no debería haber dicho. Me duele gastar palabras así. Me duele desperdiciar mis emociones así. En fin, me costó confiar. Eso, porque he confiado demasiado antes, yo así soy, transparente y directa, no puedo ser de otro modo. No pienso. No medito. Solo hago, hago lo que el estadio más primitivo de mi cerebro me dice, en alguna parte. Después me arrepiento, después cuando lo pienso. Pero así soy. Y de alguna manera me costó confiar, pero vos sos bien persuasivo con ese tu modito simpático y divertido y ese misterio lejano que tenés al fondo. Sí que sos persuasivo. Y me llevaste, sin querer o queriendo, a dónde querías, a jugar ese tu jueguito que sigo sin entender. Todos los días me despierto y pienso en que yo no soy así, después en lo rico que sería que todo fuera cierto. En lo interesante y divertido que sería estar juntos al menos una vez en la vida y cumplir todos tus deseos y los míos y los que, de seguro, podrían surgir en el camino.

¿Sería rico, verdad?

Pero no, y vos seguís jugando. Como si tuviéramos quince años y todo el tiempo del mundo. Me gustás, me gustas demasiado y lo sabés -esa no era la confesión-, pero no sé cuánto tiempo pueda seguir jugando sin que mis emociones salgan perjudicadas. Ya te dije: soy transparente, esto es lo que soy, no hay nada diferente adentro ni detrás. Lástima que nunca pueda obtener lo mismo a cambio.

Y entonces la confesión vendría siendo esta:

ya va siendo hora de decirte adiós.

No es una petición, dice.

Es un castigo.

Y lo acepto. 


jueves, 24 de mayo de 2012

Capítulo 31

Si de verdad vinieras, vinieras algún día, no te dejaría salir nunca. Nos encerraríamos cuatro, ocho, diez horas y haríamos el amor cinco, diez, quince veces. Llegaría despacio con besos suaves, pausados, medidos; sintiendo las respiraciones... Te robaría el aliento. Después te buscaría la lengua, después te mordería los labios, a vos te daría por olerme cada rincón, yo, repetiría secretos impronunciables detrás de tus orejas.

Escribiríamos una novela de treinta capítulos en nuestros cuerpos, con letras pequeñas, saliva, puntos, comas, tantos signos de admiración como fueran posibles, muchos puntos suspensivos por aquí y por allá y comillas y todos los signos que quisieras... Con sus pausas, emociones, delirios y significados.

Luego escribiría un post como este, porque te amenazaría con hacerlo. Te diría que iba a poner tu nombre y vos me dirías "dale".

Y lo escribiría pensando en las comas y los puntos, las diéresis y todo eso. Lo escribiría pensando ya en el capítulo 31.

domingo, 20 de mayo de 2012

Confesión de domingo.

Hace unos años -¿siete, ocho?- hubiera hecho lo que fuera por vos. Probablemente hasta morirme. Probablemente hasta dejar mi trabajo seguro y cálido para no querer odiarte como quería. Hace algunos años -¿seis, siete?- me hubiera dejado besar por vos en el bar de algún país lejano y de seguro hubiera llorado porque vos me hubieras dicho "¿qué vamos a hacer con esto?", y vos hubieras dormido sobre mis piernas en la parte de atrás de un taxi y yo hubiera aprovechado la ocasión para acariciar tu pelo, demasiado corto para mi gusto.

Hace unos años te hubiera amado sin prejuicios y con locura al punto del llanto y del odio. Te hubiera odiado. Te hubiera odiado al punto de amarte como vos no lo esperabas. Hubieras desatado un mounstruo de emociones incontrolables dentro de mí. Te hubieras espantado con todo eso, pero me hubieras dejado quererte, nos hubiéramos querido así, en silencio, con las miradas lejanas y las sonrisas de medio lado. Eso nos hubiera bastado.

Hace unos años las cosas hubieran sido así.

Te hubiera amado, admirado, hubieras sido -probablemente- todo para mí.

Ahora, ya ni siquiera te odio ¿ves? No tengo canciones para dedicarte ni vueltas de estómago cuando te veo. No me importás, no te admiro, no tengo ni ganas de sobar tu pelo.

No sos nada, cuando pudiste haber sido todo.