lunes, 2 de enero de 2012

Sueño con cañaverales y libélulas

Toda la playa está sembrada con caña, son cuadras y cuadras de caña, cuya flor brilla con la luz del sol que ya está por ponerse. Hemos quedado de encontrarnos allí, precisamente allí en esa playa de cañas para ver el último atardecer del año. -A las cinco en punto-, dice tu voz en off al otro lado del teléfono. -Una vez allí ya no hay vuelta atrás...- Eso repite tu voz.

Son las cinco en punto.

El cielo está a punto de estallar por el atardecer y sigo caminando por los cañaverales interminables. Desde este ángulo las flores son más impresionantes que como se ven en la carretera. Se mueven con el viento, parecen otro cielo color rosa y espumante. Camino otras cuantas cuadras, dos, tres, cuatro; por momentos mis brazos rozan las plantas y comienza a arderme la piel. Mi piel está roja.

-Una vez allí ya no hay vuelta atrás...- Repite tu voz a lo lejos. Como un eco. Como un llamado.

Otra vuelta por los cañaverales. Llego a un punto en donde el camino se parte en cuatro, el cielo apenas es visible, pero ya no está rojo. Miles de libélulas vuelan sobre la caña, sobrevuelan las flores, un cielo negro de libélulas. Hay cuatro caminos por los que pudiera irme. Cuatro y tu voz diciendo -Una vez allí ya no hay vuelta atrás...-

Ya no son las cinco. Es de noche.

Me siento a llorar sobre el camino que se parte en cuatro mientras las libélulas bailan a mi alrededor.


martes, 20 de diciembre de 2011

Así es la vida

Mientras el marido, aburrido de su matrimonio y su vida, se gasta varios cientos de dólares para pasar una noche con su amante en algún país de la región, cientos de niños en El Salvador no tiene qué cenar esta noche.

sábado, 10 de diciembre de 2011

No hablemos de felicidad

Es algo tan relativo como el tiempo que podríamos pasar juntos y tener el chance de "hacernos felices" mutuamente.

Hablemos del tiempo, si querés. De las nubes que tapan el sol, del viento que mueve las nubes, de los árboles que botan sus hojas. No hablemos de felicidad. Es una promesa demasiado grande para dos personas que no podrán estar juntas por más de una hora.

Hablemos mejor de nuestros trabajos, de lo aburrido que estás en el tuyo, de las ganas que yo tengo de salir huyendo. No hablemos de felicidad. Es algo que probablemente yo no pueda darte. Mucho menos vos a mí, que sos el que tiene un compromiso "tan serio" que se llama matrimonio. Yo ya deje eso atrás hace meses, bien sabés. No me ata nada, aunque la felicidad tampoco tiene nada que ver con eso.

Así que no hablemos de felicidad.

Hablemos de mis ojos, o los tuyos, si querés.
Hablemos de lo bien que nos vemos juntos, nos deberían dar un premio por eso.

Hablemos de todo lo que haríamos si pudiéramos estar juntos.

Hablemos de lo felices que seríamos.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Emociones inconclusas

No hay nada peor que eso.

El tiempo que queda entre tus palabras y las mías, las que nunca te puedo decir, las que tal vez nunca pueda decirte. Los suspiros que me voy a quedar, entre los besos que nunca nos vamos a dar. La vuelta de estómago que me guardo de una noche que no te voy a esperar. El leve, tenue, imperceptible movimiento de tus pestañas al sonreír todas las veces que no me vas a ver llegar o caminar por un pasillo largo, contando los pasos, poniendo un pie luego del otro. El suave rumor del secreto que nunca te voy a decir al oído, el espacio que siempre habrá entre los dos y ese abrazo que no es mío ni tuyo. Las ganas de llamarte una tarde cualquiera y el cigarro que no voy a disfrutar mientras lo hago. Ah, sí sabré tan bien de eso. Las palabras, las medias frases, lo que espero, lo que no es. Ni será. Mis lágrimas, las que nunca vas a conocer, ni su sabor ni su origen, ni la felicidad de las cosas que me hacen vibrar. Mis ceremonias al levantarme, mis ceremonias en el carro al regresar a casa, la canción que oigo mil veces para pensar en vos, para emocionarme a medias, para creer en las frases incompletas que me dejás. Para creer que al menos un 2% de tu vida me pertenece.

O algún día.

Esas emociones a medias entre vos y yo.

lunes, 24 de octubre de 2011

Respiro

Me gusta que tu voz suene inesperadamente en mi celular un domingo cualquiera. No tenés que explicarme nada, no es necesario, no lo necesito. No te estoy pidiendo nada ni quiero que te salgás de tu vida así de normal como es. No quiero.
Sí quiero que pensés en mí así... Por ejemplo, en medio de una carretera ancha y lejana mientras manejas y oís un disco. Sí me gustaría que te detuvieras y, sin pensarlo, marcaras mi teléfono. Eso sí me gustaría. Pero, más que todo, saber que después, cada vez que oigás ese disco, vas a pensar en mí.

Solo quiero ser un paréntesis en tu vida.
¡Con signos de admiración! Si querés
Con puntos suspensivos cada vez...

Eso quiero.
La verdad es que no es nada, solo un respiro.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Nunca voy a ser feliz. Supongo.
Siempre voy a ser esa niña de cinco años
esperando a su papá sentada en una sillita roja de plástico.

Siempre.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Tal vez

Tal vez algún día pases por aquí y leas esto.
Tal vez ni siquiera te des cuenta de que soy yo.
Tal vez penses "una más".

Pero tal vez por aquellas casualidades de la vida, sí te des cuenta de que soy yo.
Y entonces esta es la parte del post en el que te digo:
si tuviera tu número de teléfono no hubiera esperado ni un minuto para hablarte.

Tal vez lo consiga y te hable.

lunes, 22 de agosto de 2011

Señor que posa muy serio para una foto.

Usted es un hombre formal, de saco y corbata. Un señor casado con esposa "de Usted" a la que le manda flores cada aniversario, cumpleaños y evento de celebrar. Se pasea por los eventos sociales con trago en mano siendo saludado por otras personas formales, personas de "nombre y apellido", personas con tragos en la mano, también. Usted sonríe por todos lados, usted habla sereno y pausado, y sabe muy bien todos los temas de los que habla, porque usted ha estudiado y leído mucho de lo que habla, usted es un hombre de éxito. Todos lo sabemos. Se le nota.

Pero más allá de eso no se le notan otras cosas, lo que usted -obviamente- quiere ocultar. No se le nota, por ejemplo, cómo mira entre la concurrencia a la mujer que le ha gustado por más de quince años. Nadie nota, tampoco, cómo se sonríen de lado a lado del salón con esa sonrisa cómplice y cómo se ilumina todo, por más que traten de ocultarlo. Por más que usted trate de ocultarlo, porque es un hombre serio y formal y en teoría no debería sonreír así a la que no es su esposa; aunque en la práctica tenga más de dos meses de no cruzar palabra -mucho menos sonrisas- con ella.

Señor serio y formal: quién va a creer, cuando posa elegantemente para esa foto, que hace todo tipo de propuestas por chats, mensajes de celular y messenger. ¿Quién va creer, señor, las cosas que de verdad pasan por su mente? Yo no lo juzgo, de verdad. De hecho me gustan sus propuestas y cuando le digo "¿y si me enamorara perdidamente de vos?" en serio lo creo, porque 15 años es suficiente tiempo para conocer a alguien, demasiado tiempo para sonreírle a alguien en una fiesta al otro lado del salón. Y cuando usted me contesta "los dos corremos ese riesgo..." en serio, le creo, porque ya sabemos, usted es un señor serio y dudo mucho que ande jugando con esas cosas...

sábado, 25 de junio de 2011

Como una adivinanza...

Veo tu sonrisa en una foto.
Leo tus palabras demasiado.
Me suena tu voz como un augurio.
Quiero abrazarte y que me abraces.
Sentirte fuerte cuando soy débil.
Leer los mismo libros.
Oír las mismas canciones.
Hasta que nos aburramos de eso.
Hasta que no sea suficiente.
Y me dejés por otra.
O te deje por otro.
Y así eternamente.

Por ahora te adivino.
Quisiera tenerte entre mis sábanas.
Me leerías unos versos de Borges.
Nos volveríamos a dormir.

Por ahora te adivino.
Y eso es suficiente.