sábado, 9 de abril de 2011

Tu mirada habla.

dice.

me envuelve en tus pestañas, me toca, me acaricia, me abraza. Tu mirada habla, me dice lo que querés, me enreda en tu lengua, me comparte tu saliva, me toca la espalda, me susurra, me sopla el cuello. Tu mirada habla, no mide, deja tus dedos irse jugando lento entre las piernas. Tu mirada dice, pide, reclama. Tu mirada desnuda y yo quiero.

yo quiero eso y más
quiero que tu mirada hable sobre mi piel.

sábado, 12 de marzo de 2011

Conversación x escuchada por allí.

El: -Sabés que me gustas, verdad?
Ella: -Sí.

-Cómo es que sabés?
-Me lo dice tu mirada. Me lo dijo desde la primera vez que nos vimos a los ojos.

-Y qué querés que haga con eso?
-(sonrisa tonta) No sé. Qué querés hacer?

-Sabés que lo que quiero hacer tal vez no lo deba hacer, porque estoy casado?
-Mucha gente no se detiene por eso...

-Sí, ya sé.
-Y entonces qué te detiene.

(silencio)

-Y si me enamorara perdidamente de vos? Vos que harías con eso?
-Sabés que los dos corremos ese riesgo?

- ... (mirada y silencio largo)
- ¿Lograste sacar el carro del taller?

miércoles, 9 de marzo de 2011

El matrimonio no debería ser natural...

Me dice mientras enciede un cigarro y me mira como tratando de adivinar mi reacción desde el otro lado de la mesa. Se ríe y trata de explicarme todas las razones por las que no se puede quedar comigo; aunque se muera de las ganas. Sí eso dice. Que no es natural pasársela toda la vida con la misma persona.

El matrimonio no debería existir. Digo yo.

Ahora lo entiendo. Mientras me voy acomodando poco a poco a una cama matrimonial sin matrimonio. Mientras reviso los pliegues de las sábanas, cada arruga que ahora no está del otro cuerpo que ya no las deja allí, de la otra almohada que ahora ya no tiene un hueco, de la otra almohada que reconfortaba, daba seguridad. Una seguridad irreal e imaginada.

Nada era cierto.

Que ya no podía soportar tanta libertad, me dijo hace poco cuando por fin firmámos los papeles del divorcio. Que haberse "entusiasmado" con la compañera de trabajo no es más que el resultado de mi indiferencia, de mis ideas extrañas, de no haberlo dejado pertenecer nunca a mi vida y a lo que llamábamos matrimonio. Quince años y un hijo es demasiado tiempo para venirse a dar cuenta de todo eso. Que ya no me culpe dice la sicóloga, que yo nada más fui quien era y que eso está bien, dice; mientras seguramente piensa en que cuando termine conmigo tiene que ir al súper o a comprarse una blusa de moda o a dar una clase en la universidad esa en la que trabaja...

Ya no me culpo de nada. Solo sé que el matrimonio no debería ser natural. Porque mientras sigue con sus explicaciones, su miedo, su whisky, su cigarro y su camisa blanca yo solo quisisera quitarle la camisa blanca, sin que me importara la esposa, los seis meses que tiene de no acostarse con ella, el miedo de hacer daño, todas las razones. Todas las razones.

Su mirada y su sonrisa que trata de esconder algo son demasiado.

Me pide que no lo mire así. Lo beso, le quito la camisa blanca.

El matrimonio no debería ser natural.

sábado, 12 de febrero de 2011

Declaración de viernes

No quiero casarme con vos
ni que te cases conmigo
solo quiero sentirte así de cerca
y que me beses la espalda
así como tantas veces
me lo has ofrecido

Prometo no enamorarme
ni permitir que te enamores de mi
voy a ser dura, difícil, esquiva.
no voy a contestarte cuando me llames
y yo tampoco voy a hacer llamadas

No quiero que me des regalos
ni que celebremos juntos el 14 de febrero
mucho menos pasar las navidades
aburriéndonos juntos tomando vino
para olvidar que nos aburrimos

Solo quiero silencio, miradas,
olores, sensaciones.


sábado, 22 de enero de 2011

A veces no me acuerdo de tu besos

A veces no me acuerdo ni de tus ojos ni tu nombre.

Solo el piso mojado, la neblina que podía cortarse con una tijera, los dos vasos vacíos en el suelo, las dos colillas de cigarro. Recuerdo los pinos arriba, las gradas abajo, la fiesta sonando a lo lejos, la soledad de ese parque o lo que fuera.

Tus manos eran blancas, la noche era gris-azul. Mis ganas eran verdes, las tuyas rojas. Tu camisa blanca de lino, mi blusa negra-plata. Mis ojos claros, los tuyos también. El silencio negro. El pasado azul. El pasado que tratamos de recuperar en unos cuantos minutos. Minutos amarillos, naranja, rojos. Tus palabras. Tus palabras.

Tus manos tratando de ser más atrevidas, todo el peso de tu cuerpo tratando de domesticar el mío. El olor de tu cuello.

"Qué rico olés".

Tu respiración entrecortada sobre mi cuello. Tu pregunta. El silencio.

Me acuerdo de todo y nada.

A veces no me acuerdo de tus besos.

lunes, 17 de enero de 2011

A esta hora pienso en vos

"Podría ser tu amiga toda la vida", te dije. Me dije, tratando de creerlo. Tratando de convencerme que me puedo sentar todas las noches a fumarme un cigarro con vos y que no pase nada. Sonreír y hablar trivialidades. Mirarte como quien no quiere. Hacerte una broma tonta cada vez que surja la oportunidad.

"Podría ser tu amiga toda la vida, pero vos no te dejás", te dije.

Podría decirtélo una y otra vez para que parezca verdad. Pero no. No podría. Me hace demasiado feliz estar con vos. Me llenan demasiado esos quince minutos de tu vida que sueño eternos.

sábado, 15 de enero de 2011

Quisiera sentarme para siempre con vos en un patio a fumarme un cigarro...

Te podría mirar para siempre a los ojos y sonreír por dentro y por fuera. Podría ser de noche para siempre y podrían haber miles de personas alrededor, pero nadie importaría, sería como la típica escena cursi de película: todos estarían congelados; porque estás vos y tu sonrisa y tus palabras y tu miedo de enamorarte perdidamente de mí. No hablaríamos de cosas irrelevantes como el viento, el clima, la luna o las nubes; hablaríamos del dolor de tu pecho, de esa metáfora absurda, hablaríamos de tu corazón y yo te diría que te duele de tanto resistirte a quererme. Me reiría. Y vos también.

Quisiera sentarme para siempre con vos en un patio a fumarme dos cigarros. Te dejaría mirarme para siempre así, con esa mirada que conozco de años, esa mirada que adivino, analizo, descifro. Te dejaría mirarme de perfil mientras fumo. Te dejaría ver mis labios mientras el humo sale despacio, impertinente, calculado. Podría sentarme con vos toda la vida en ese patio a hablar vanalidades.

Pero después. Después de los cigarros, haría un conjuro para desaparecer a toda la gente y me besarías la espalda como siempre has prometido, nos besaríamos los labios sentados en la fuente, luego haríamos lo apropiado en esos casos y yo vería la luna y las estrellas y vos dirías a mi oído "así es precisamente como me lo había imaginado".

sábado, 25 de diciembre de 2010

Podría enseñarte a bailar...

No tendría que darte unas cuantas lecciones en cada fiesta de Navidad que tengamos. No tendrías que tocar mis manos, mirarme así, sonreír así. No tendríamos que despedirnos al final de cada fiesta deseando que esa canción durara más de 4 minutos. No tendrías que decirme adiós desde el otro lado del salón mientras agarro mi cartera, mi celular, mi suéter.
Los Kisses, los Hersey's y todos los demás chocolates que intercambiamos en el tonto juego del amigo secreto, no me los comería sola en mi cuarto viendo tele. Nos los comeríamos juntos y engordaríamos todas esta libras juntos. Bromearíamos con lo de los Kisses, nos daríamos besos, no sentirías vergüenza que te los haya dado, no los esconderías en la gaveta del escritorio. Sería una excusa más.
En Navidad nos daríamos regalos como toda la gente. Vos me darías un perfume. Yo te mentiría "qué rico huele", pero lo odiaría por dulzón. Yo te regalaría una polo manga larga. Vos me mentirías "qué chiva está" y te la pondrías solo una vez y yo se la terminaría regalando al señor que nos lava los carros.
Comeríamos pavo, les compraríamos regalos a los niños, les mentiríamos con lo de Santa, haciéndoles creer que existe. Nos tomaríamos una botella de vino cada uno en la cena familiar, terminaríamos haciendo el amor desenfrenadamente a las 3 de la madrugada y nos levantaríamos a las 12 del medio día con la cara hinchada de tanto dormir.

Podría hacerte sonreír solo con mirarte a los ojos. Lo sé. Podría mirar con vos cómo se va poniendo el sol el día de Navidad. Podrías estar conmigo ahora. Pero estás con ella y yo estoy sola, oyendo como se ensancha en silencio.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Por la primera mirada que intercambiamos.
Por la primera vez que dijiste algo de mis ojos.
Por ese comentario que abrió las puertas, las ventanas y botó los muros.
Por tanta sonrisa y miradas tontas.
Por la excusa del trabajo para estar siempre juntos.
Por tanta broma que no entendí.
Por tantas veces que llegaste a mi cubículo a cantar una canción ridícula y tonta de Nacho Hinojosa.

Por todos esos momentos que nos llevaron a este instante en que estás allí, dormido en mi cama mientras escribo:

¡Salud!

viernes, 3 de diciembre de 2010

Preview

La sicóloga, terapista o cómo se llame, me mira todavía cada quince días y en su miradita que trata de ser comprensiva se le nota el "pobrecita" entre ceja y ceja. No hay que haber sacado un título en sicología para leer lo que está pensando. Y la verdad es que me aburre. Y sigo yendo simplemente porque necesito alguien a quien contarle mientras encuentro una amiga medianamente confiable.
El divorcio quedó atrás y no hay que ser un genio para entender lo que está pasando. Que pasé de una dependencia a otra, tal vez digan, tal vez piense alguien si se atreve a cuestionarlo, a pensar, a darse cuenta... Que me gusta que se aparezca en el chat, que me tire sus frases medio cursis, medio atrevidas. Que me gusta que piense que le creo cuando me dice que solo necesita unas horas para demostrarme lo mucho que quiere estar conmigo. Sí, eso. Y sus labios pequeños sonriendo al pasar. Y el olor que deja regado cuando entra en la mañana. Eso. Y cualquier excusa tonta que tiene para llamarme a su oficina y dejar que me acerque más de la cuenta y dejarlo que respire sobre mi hombro mientras escribo en su computadora. Eso. Y los pelitos de su brazo dándole besos de mariposa a los míos. Y esa corriente magnética, química, física o como podamos llamarle. Ese espacio que ya no existe, que no da tregua, que no se puede detener...

Los baños de las oficinas son buenos lugares para hacer un preview de lo mucho que quiero estar con vos, me dijo.

Y nos dimos el preview.

Nada mal para cinco minutos y el teléfono sonando afuera.